19 nov. 2013

duerme – (santos) - presidente - lasfarcini

Duerme usted, señor presidente? 
-Caupolicán Ovalles-


Ojo - barro - Water - Urgencia
Colombia - país - mierda

pactos - asesinos
sirvienta - terror
_______no - usted - señor - siesta
_______pregunto - ser joven - apuesto
duerme – (santos) - presidente - lasfarcini

_______________barato
mozo - alcoba - cuba
Ojo - tenerse - servicio
humilde locombiano
quemarte
Ojo - compañía
_____________________llamarlas
Ojo - ver - Serpientes
Cara - Barro

pataleta - sueño
duerme - lirona
General - almuerzo

adora - vaca
____________duerme
becerro - adora
____________duerme
bomba - estalla
____________duerme
colapso - estado
____________duerme

duerme – (santos) - presidente - lasfarcini

impedido
_______________Barbitúrico
amigos - llaman
Presidente  "Sociedad - Patria - Boba"
______y
dueño(s) - vacas - flacas
vacas sagradas
santos - sueños
llaman

_______________________ternuras
será proscrita - ver
será proscrita - acercarse - ella
será proscrita - temor - despertar - histéricas
(falso positivo)
____________Cueva Maldita
llamaremos
lugar - tierra aciaga
alimento -  ratas
Colombia
_____vieja  - putrefacta osamenta

árboles - frutos manufacturados
bailar - piedras –
bailar - balas - metrallas
______________estúpida confesión
cansados
nosotros
(funerales)
importados - Norte
_______puerca elegante - grasas
murieses - día - estos
Si - llorar

Nutibara - estallaría
______Cacique Ojo - Perla
llamarían
(muerta)
indios - nación
maíz rancio
patatas podridas
vender - (cocaína)
soberbio - que es
Pablo Escobar
dedica(das)
bombas
_________________billetes (campesinos)
pan
______________________filosofal
(cainita)
descubriendo - piedra
prometer
(comiendo) - (genitales)
creencias geniales
ciega - absurda
-liberala-
(violada)
Magdalena
-godo-
(desaparecido)
Rio Cauca
_____colgados
lira (amenazada) – cuello(s) (ahorcados)
_____de verle
(sicaria)
como ésta
(paraca)
_____monstruosa
-poesía-
quiere(mos) - diversión
está(mos) - cansado(s)
(asesina)
frenética
(locombia)
gendarmería
esperar - aplausos
ridículos (son)
sólo - verles
Podríamos reír
lasfarcinis
uribinis
santos
duquesa
archiduque
taconeo
___noche - noche
oír
podríamos
_____jefes - amor
_______________ministros
_____bailar - tango
Si – ve(s) - dormir
Si – ve(z) - soñar

11 nov. 2013

Los Nombres De lo Innombrable (Función Muerte de Autor)


Texto Presentado en el:
3° Coloquio Interdisciplinario de la Facultad de Filosofía y Letras UNAM
PENSAMIENTO: PROYECTOS Y EXCLUSIÓN

Mauricio Arcila Arango
Historiador


LOS NOMBRES DE LO INNOMBRABLE (FUNCIÓN: MUERTE DE AUTOR)

¿Qué es un Autor?[1], es la pregunta planteada por Michel Foucault en la conferencia del 22 de febrero de 1969 ante la Sociedad Francesa de Filosofía, y que intenta abordar desde diferentes perspectivas la -función-sujeto- en relación a los discursos de poder y enunciados de verdad.  En base a esta pregunta ¿Qué es un Autor?, se busca poner en tención  con: “el nombre del autor” y la “posición del autor”, para dar cuenta de los conflictos existentes, entre el pensamiento-proyecto-obra-exclusión y muerte de autor.

El presente análisis no busca dar una respuesta a tales problemáticas, solo veremos algunas interpretaciones que se dan a la sombra de este –sujeto no subjetivo- para tratar de comprender las relaciones de poder y conflictos entre autor - obra, nombre de autor – sujeto, que permita problematizar la función del arte, en la dicotomía sujeto-sociedad. La pregunta aquí planteada se desprende directamente de la fórmula de Beckett que enuncia: “Qué importa quién habla, dijo alguien, que importa quién habla”, Foucault nos dice que esta indiferencia, este desconocimiento a la pregunta es donde se afirma y se constituye el principio ético, el papel del Autor en este sentido es muy importante, porque nos muestra claramente ¿quién es el sujeto que enuncia? y ¿para qué enuncia? -como principio ético- y con una finalidad especifica.

La noción de autor constituye uno de los momentos más importantes y fuertes del proceso de individuación en la historia de las ideas,  del conocimiento, de la literatura y de las ciencias humanas y exactas en general; tanto que al considerar cualquiera de estas unidades, su interpretación seria relativamente débil, si tenemos en cuanta el papel fundamental que juegan en ellas las funciones de autor y de obra. En este sentido el sujeto que crea se desprende de su propia aprensión, se libera de sí mismo en el momento que surge de sí, una nueva forma, un nuevo sistema y una nueva interpretación; esta nueva forma, sistema e interpretación al hacerse visible, enunciable, al tomar forma se convierte automáticamente en objeto del discurso; por lo que el papel de lo ético no juega en este sentido un papel secundario, sino de primer orden; Foucault nos dice al respecto: “Digo -ética- porque esa indiferencia no es tanto un rasgo que caracteriza la manera en que se habla o en que se escribe; es más bien una suerte de regla inmanente, retomada sin cesar, nunca completamente aplicada, un principio que no señala la escritura como resultado sino que la domina como practica”.[2]

Esto que Foucault denomina como práctica, practica de la escritura, la podríamos pensar desde la creación poética; y es que para el filósofo “la escritura de hoy se ha liberado del tema de la expresión: no es referida más que a sí misma y sin embargo no es tomada bajo la forma de la interioridad; se identifica con su propia exterioridad desplegada” [3] Todo esto quiere decir que la escritura y más aún la poesía es un juego de signos ordenados de menos hacia su contenido que hacia la naturaleza misma del significante; si es que en este sentido del lenguaje cabe hablar de naturaleza; y si la naturaleza del significante es el desbordamiento del significado. Esto que para otros puede ser la irregularidad de la escritura misma, es experimentada por el terrorista de los conceptos que al mejor estilo Nietzscheano, bordea los límites del abismo y transgrede indeterminadamente, invirtiendo las regularidades que antes eran aceptadas como juegos en la escritura; este juego de escrituras inefables van más allá de sus reglas y pasan a niveles exteriores, en cuanto han surgido como creación y perduran en los umbrales de maneras reconfiguradas. Este juego que permite la escritura re significativa y desbordada no exalta el solo gesto de escribir, sino que trata de ir más allá, no para atrapar a ningún sujeto; “se trata de la apertura de un espacio donde el sujeto que escribe no deja de desaparecer.”[4]

La posibilidad de desaparecer en la escritura ha sido negado desde la filosofía antigua y los principios platónicos, que sustentaban como base fundamental la eternidad de las ideas y por ende la eternidad para quien vivía conforme a estas; pero la filosofía de nuestros días tiene una visión muy diferente donde la muerte es precisamente la que nos permite articularlos en la “certeza” de un mundo donde, no hay orden, no hay origen, no hay fin, no hay verdad, no hay continuidad.

Nuestra cultura ha metamorfoseado ese tema del relato o de la escritura hechos para conjurar la muerte; la escritura está ahora ligada al sacrificio, al sacrificio incluso de la vida; borradura voluntaria que no tiene que ser representada en los libros, ya que se cumple en la existencia misma del escritor. La obra que tenía el deber de traer la inmortalidad ha recibido ahora el derecho a matar, de ser asesina de su autor.[5]

La relación mortífera que se da entre la escritura y el autor también se manifiesta en la borradura de los caracteres individuales del sujeto que escribe; escritura y autor pasan a formar márgenes de un abismo separados por infinidad de interpretaciones y conceptos, la diferencia entre el sujeto y lo que escribe, el sujeto en cuanto escribe puede no ser él, y en este sentido despista todos los signos de su individualidad particular, el escritor ya no es más que la ausencia de su propia creación y ahora le es preciso ocupar el papel del muerto “en el juego de la escritura”.[6]

Llegados a este punto, donde todo pareciera indicar que el escritor crea en cuanto se mata a sí mismo y que la obra no es más que su propio sepulcro, podemos volver a Foucault que nos pregunta: “¿Qué es una obra?, ¿qué es entonces esa curiosa unidad que designamos con el nombre de obra?, ¿con que elementos está compuesta? ¿No es acaso una obra lo que ha escrito quien es un autor? Vemos surgir las dificultades, Si un individuo no era un autor, ¿acaso podríamos decir que lo que ha escrito, o dicho, lo que ha dejado en sus papeles, lo que se ha podido referir de sus declaraciones, podría ser llamado una “obra?” [7]

Tampoco pretendemos tratar de responder aquí que es una obra y mucho menos dar luces sobre el asunto; volveremos a las sombras de los cadáveres de Dios y del hombre; el postulado trágico que hemos tratado de mostrar aquí se hace evidente en cuanto la escritura es el primer testimonio, lo que posibilita la relación entre autor y obra es la muerte, que los crea en cuanto se separan de sí mismos.

La disección Foucaultiana entre los diferentes nombres que juegan en relación a la función-autor, no es una referencia pura y simple, ya que el nombre propio es algo imposible de convertir y siempre va a designar a un sujeto determinado, aunque igualmente que el nombre de autor tiene otras funciones indicativas. “Es más que una indicación, un gesto, un dedo apuntando hacia alguien; en alguna medida, es el equivalente de una descripción.”[8] La separación que marca el nombre propio y el nombre de autor es de carácter abismal, ya que están situados en los dos polos de la descripción y la significación, no obstante es aquí donde aparecen las dificultades particulares en la descripción del -hombre-. El –hombre tras el vínculo de nombre propio y nombre de autor, no funciona, ni corresponde de la misma manera a las funciones que se nombraron anteriormente al nombre propio ya que “El nombre de autor no es exactamente un nombre propio como los demás”. Foucault nos muestra que la diferencia fundamental está dada por que “un nombre de autor no es simplemente un elemento en un discurso (que puede ser sujeto o complemento, que puede ser remplazado por un pronombre, etc.)  Ejerce un determinado papel con relación al discurso: garantiza una función clasificatoria; un nombre semejante permite reagrupar un determinado número de textos, delimitarlos, excluir algunos, oponerlos a otros”.[9]

El poder del nombre de autor funciona con características muy determinadas dentro de los modos de ser de los discursos; el nombre autor, posibilita el hecho de poder decir “esto ha sido escrito por tal” o “tal es su autor”, lo que indica que el enunciado del discurso no es una palabra vana e indiferente, no es una palabra que se va; indica  todo lo contrario que las palabras deben ser recibidas y entendidas de cierto modo; y que las culturas que enuncian esas palabra, las enuncian con estatutos y roles determinados.

Si nos preguntamos de nuevo por nuestro hombre tras los nombres, veríamos a un ente  que viaja desde el interior de su propio discurso, como individuo real, al exterior que lo produce; de alguna manera, el hombre tras los nombres es el límite de los textos, es el recorte de lo que sobra de la obra, es la huella del artista, es el manifiesto de su propio ser que se ha echado a menos, en otros términos, el hombre tras los nombres es un perro detrás de una caravana que no le pertenece.

El hombre tras los nombres se manifiesta como acontecimiento de un discurso determinado, un estatuto que rige poder en el interior de la cultura; es burócrata, ejerce su estado civil, pero escapa en la ficción de la obra, se sitúa en la ruptura que el mismo instaura en las falacias de grupos determinados y sus modos singulares de poder. “Podríamos decir en consecuencia que en una civilización como la nuestra hay un determinado número de discursos que están provistas de la función de “autor”, mientras que otros están desprovistos de ella”. [10]

En el trasfondo del hombre la función-autor es la que caracteriza su modo de existencia y le permite la circulación y el funcionamiento de discursos dentro de la sociedad; además que desde la perspectiva de Foucault “La muerte del hombre es un tema que permite sacar a la luz la manera en que el concepto hombre ha funcionado en el saber…” El hombre tras los nombres enuncia todos los discursos, ejerce cualquier estatuto, posee todas las formas y ejerce todos los valores, independiente del tratamiento a que lo sometan. El hombre tras los nombres se desarrolló en el anonimato del susurro, siempre se escuchan las palabras repetidas que dicen que es él, pero en verdad nadie se atrevería a pronunciar su nombre es voz alta. El hombre tras los nombres es: ¿Quién ha hablado realmente? ¿Es en verdad él y nadie más? ¿Con que autenticidad o que originalidad? ¿Y ha expresado lo más profundo de sí mismo en su discurso?- [11] El hombre tras los nombres dice: ¿Cuáles son los modos de existencia de ese discurso? ¿Desde dónde se ha sostenido, cómo puede circular y quién puede apropiárselo? ¿Cuáles son los emplazamientos que se reservan allí para sujetos posibles? [12] El hombre tras los nombres pregunta: “¿Quién puede ocupar esas diversas funciones del sujeto?- Y detrás de todas estas preguntas no se oiría más que el ruido de una indiferencia –“Qué importa quién habla, dijo alguien, que importa quién habla”- - No hay sujeto absoluto”.[13]



[1] Conferencia en la Sociedad Francesa de Filosofía el 22 de febrero de 1969, publicada en el Bulletin de la S.F.P julio-septiembre de 1969. (De Littoral n° 9, Junio de 1983. Traducción de Silvio Mattoni.
[2] Ibíd. Pág. 39
[3] Ibíd. Pág. 39 - 40
[4] Ibíd. Pág. 39 - 40
[5] Ibíd. Pág. 40
[6] Ibíd. Pág. 40
[7] Ibíd. Pág. 41
[8] Ibíd. Pág. 44
[9] Ibíd. Pág. 45
[10] Ibíd. Pág. 46
[11] Ibíd. Pág. 60 - 61
[12] Ibíd. Pág. 60 - 61
[13] Ibíd. Pág. 60 - 61