16 jun. 2012

Restos del "yo": Angustia y Poesía (Ideas para no pensar el arte)


Olivier de Sagazan - Transfiguration



"Observa mi tortura  brutal, tú que, pese a que te encuentras vivo, vas mirando los muertos"
La Divina Comedia -Dante Alighieri-



En el seminario sobre la Angustia, Lacan enuncia algunos elementos de la filosofía existencialista en la relación entre el “yo” y la angustia. Para los pensadores existencialistas partiendo desde Kierkegaard hasta Heidegger y Sartre, existe la certeza de un “yo”, un “yo” que sufre en cuanto existe y en cuanto existe se angustia en su relación con la vida y con la muerte, Heidegger lo definiría como el Dasein o el ser-para-la-muerte.

Lacan contrariamente a lo que enuncian las filosofías existencialistas no cree en la certeza de un “yo”, sino en identidades ortopédicas que significan al sujeto, y nos hablara de dos identidades que representan al “yo”,, y que son, el “moi” y el “je”; el “moi” es la construcción imaginaria del “yo”, mientras que el “je”, es la posición simbólica del sujeto.

Todos saben que la proyección del yo (je) en una introducción a la angustia es desde hace algún tiempo la ambición de una filosofía llamada existencialista. [1]

Como vemos pues, Lacan nos esta hablando de dos mecanismos que tiene el aparato psíquico para construir una imagen subjetiva de si mismo, que va ser representado por un sujeto mediante su “yo”;  en este sentido cabe preguntarse: ¿Qué papel juega la poesía como mecanismo de creación de subjetividades?
Lacan nos dice que el mecanismo de donde surge la angustia se puede comprender desde la pregunta:

¿Qué quiere? Fuercen un poco más el mecanismo, hagan entrar mas la llave y tienen ustedes ¿Qué me quiere?, con la ambigüedad que el francés permite con respecto al me, entre el complemento indirecto o directo. No es sólo ¿Qué pide, él, a mi?, sino también una interrogante suspendida que concierne directamente al yo, no ¿Cómo me quiere?, sino ¿Qué quiere en lo que concerniente a este lugar del yo? [2]

Es paradójico, pero estas preguntas ¿Qué quiere? - ¿Qué me quiere?, sugieren directamente a las preguntas esenciales de la filosofía: ¿Quién soy? - ¿Dónde estoy? –¿Para donde voy?, y si damos paso al juego Lacaniano del “me”, nos vamos a encontrar con las preguntas: ¿Quién me soy? - ¿Dónde me estoy? – ¿Para donde me voy?

Al parecer el lugar que nos esta refiriendo Lacan para la angustia, tiene mas relaciones con la filosofía y la literatura de lo que nos imagínamos; pues en base a estas preguntas que cuestionan la relación del hombre y su papel en el mundo, se han desarrollado infinidad de teorías filosóficas y propuestas poéticas, todas buscando suturar el abismo inevitable de la existencia; pretensión a la que el psicoanálisis y la filosofía deconstructiva han renunciado desde Nietzsche.  

Tanto las teorías filosóficas, como las representaciones poéticas o artísticas en general, buscan el lugar del hombre en el mundo, la relación del sujeto y su mundo, Lacan nos dirá que: ser sujeto es ser representado por un significante para otro significante; esto es estar en el campo de la metáfora, en este sentido la poesía es la capacidad de significar un sujeto frente a un significante, es un puente que actúa en el campo de la metáfora, esto es, porque permite caracterizar y definir un “yo”, desde lugares y encuentros de fuerzas que ocurren entre la realidad que representa y la postura simbólica gestada desde lo imaginario.

Pero al mismo tiempo que estas actitudes subjetivas actúan, hay algo que permanece sin representación, algo que se ha quedado por fuera del mundo, un resto que insiste porque es eso lo que distingue a un sujeto e impide que se confunda con todos los otros y con el llamado “Otro”. [3]

La constitución de sujeto se da en base a las preguntas que surgen a partir de la función del ”yo”, ya sea como “moi” -construcción imaginaria del yo-, o como “je” -posición simbólica del sujeto-; en este sentido, su constitución solo es posible en el lugar que falta en el “Otro”; el “yo” no está en el lugar desde donde se pregunta, porque no hay lugar, no hay “yo”, porque no falta ese que le hace lugar, o bien porque lo que falta es algo que ha sido arrancado en lo real, pero de lo cual no hay registro, sino sólo un agujero sin fondo, entonces la criatura puede convertirse en algo que tapa esa falta, un objeto que ocupa el lugar de lo mutilado. [4]

De esta manera Lacan nos dirá que el inconsciente es un lenguaje, que se expresa de diferentes maneras, entre ellas el cuerpo, la escritura, la poesía y el arte; al ser un lenguaje tiene una estructura que funciona de la siguiente manera: un significante que se articula a otro significante y a otro, hasta que la intervención de un punto genera significado.

Si la poesía es creadora de significantes, tiene la posibilidad al igual que esta de ¿entrar en relación con lo real?, ¿habitar el instante?, ¿divagar entre lo humano y lo salvaje?, en otros términos, ¿Qué papel juega la poesía como encadenamiento de significantes en relación al sujeto ubicado en el lugar del significado? ¿Qué papel juega la poesía en lo representado del sujeto?

Si el mundo es un lenguaje con una forma de funcionamiento, esto sugiere que existe la posibilidad de múltiples creaciones, ya que los significantes pueden tomar diversas funciones y encajar de maneras diferentes con otros significantes. Pero cabe la posibilidad de que la articulación del significante no funcione porque un significante no está, el significante que pone en marcha la operación esta forcluído –rechazado, cancelado: no escrito-, entonces el lenguaje es un conjunto de cosas estáticas, amenazantes, rotas y descompuestas, a las cuales un loco tiene que hacer frente de cualquier manera para hacer un lugar ahí, porque de todas formas ahí está. [5]

“Este deber hacer para ser” parece estar relacionado con el deseo, en cuanto sostiene y crea al sujeto que se sostiene en la realidad, en la poca realidad angustiada como creen los existencialistas, nos dice Lacan que este deseo que sostiene es frágil y débil, en cuanto depende de la cadena de significantes; el deseo se sostiene del deseo del “Otro”, y de eso cuelga el sujeto; por eso, cuando el “Otro” falla, decepciona, no digamos si se desmorona y cae, lo que se pone en juego es la existencia del sujeto.

Las palabras o para decirlo con un poco más de rigor, los significantes, siempre ejercen la libertad de la que gozan y hacen a los humanos –que por ellos viven- sujetos; pero una palabra que renuncia a hacerse reconocer, cuando es el reconocimiento lo  que hace posible la comunidad humana, deja a ese sujeto sin opciones. [6]

La metáfora entendida como la capacidad de creación que nos empuja hacia lo externo, es la que posibilita la escritura, la creación, en este sentido la poesía es la exteriorización del sujeto, es la representación de los real, y como lo real irrumpe en el mundo como cosa, lo real es cuando la poesía se aparece sin mediación de lo simbólico, esto es “ausencia de la palabra", el silencio, lo innombrable.

Esta metáfora que se crea ante la angustia, donde se extingue la palabra y el silencio irrumpe como algo natural frente a esta, solo deja una posibilidad y es la creación, la poesía que retorna sobre si misma, la poesía que deambula por el no lugar, la poesía que habla desde el no ser, la poesía que se declama a nadie; si Lacan dice: amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es; en este sentido la poesía es escribir lo que no es, desde quien no es.

La relación de la poesía con la represión  esta dada en cuanto ambas son límite y barrera, la represión originaria da lugar a la inscripción en el inconsciente del significante del nombre del padre, dirá Lacan.

En la represión lo “Otro” que es exactamente la falta, la pregunta filosófica ¿Quién me soy? - ¿Dónde me estoy? – ¿Para donde me voy?,  es lo que haría falta, es la ausencia del “yo” en su presencia, y que estando en el lugar del "yo" se pregunta ¿Dónde estoy? - ¿Dónde me estoy?

Al “Otro” le hace falta exactamente eso que lo haría completo: un pedacito, casi nada, pero justamente eso que le falta es lo que deja un lugar para que ahí se acomode (de maneras mas o menos incomodas) un sujeto. [7]

La carencia de la ausencia del “Otro” y la pregunta: ¿Dónde me estoy?, que responsabiliza directamente al sujeto por el lugar que ocupa en el mundo, es el acceso a la realidad en cuanto crea, puesto que Cuando eso no se escribe enloquece. Y cuando lo no escrito retorna es cuando aparecen los monstruos; el monstruo poético, la bestia versada.

La poesía es la ausencia de si mismo, que retorna en la ausencia del “Otro”, la poesía es la ausencia total, la carencia que marca y delimita el lugar de su nada, dejando un resto no simbolizado, una frase arrojada que ningún poeta a podido culminar, la poesía es la creación inexacta; lo inexacto es la poesía que ha creado el “Otro” para nadie, la poesía es la simbolización de la poesía, es la ausencia que retorna sobre si misma y se pregunta: ¿Qué quiere? - ¿Qué me quiere?.

La poesía se hace objeto del deseo de si misma, se hace goce y objeto de angustia, el mismo objeto, la poesía en cuanto deseo no le pertenece al sujeto, pero le concierne íntimamente. No le pertenece al Otro ni a ningún otro, pero está en el juego en cada intento de vincularse con el mundo (Otro) y con cada otro.[8]


La diversificación de la palabra y la poesía como instrumento de creación simbólica y subjetiva, han servido de fundamento de diversos sistemas filosóficos, que en su mayoría solo buscaron la sutura del abismo y proporcionarle un sentido al sin sentido en el nombre de la “verdad”, en el nombre de la "razón", en el nombre del "Padre" y en el nombre de “Dios”, hasta hacer parecer la poesía como una enunciación natural y no conflictiva de lo humano, y al “yo” como un elemento inherente, natural y constitutivo del ser; pero contrariamente a lo que las antiguas doctrinas profesaban, y con los elementos que hemos proporcionado sobre la angustia y la indeterminación del “yo”, se ha abierto la capacidad dual de la poesía como  "construcción-destrucción" en un fondo sin significado, en donde se nos abren nuevos abismos en formas de preguntas: ¿Cuál es la capacidad destructiva de la poesía?, ¿Cómo se establecen y se destruyen los sistemas en poesía?, ¿Cómo se construye y se destruye el "yo" en poesía?, ¿Cómo se construye y se destruye la poesía en poesía?.




CXXXIV

LA DESTRUCCIÓN

El demonio tenaz se agita al lado mío
como un aire sutil nada por el vacío
y lo trago, y me abrasa mi pulmón insaciable,
y me pone en las venas un deseo culpable.

Como sabe que el Arte prefiero a toda cosa,
toma a veces la forma de una mujer hermosa:
y me turba el espíritu con bajos incentivos
y acostumbra mis labios a los filtros nocivos.

Y así, lejos de Dios, nos vamos ambos juntos
a visitar, rendidos, con los ojos difuntos,
los llanos del fastidio, profundos y desiertos;

y a mi vista aparecen, en informe montón,
galas sucias y heridas y miembros descubiertos;
todo el vasto aparato de la Destrucción.


Charles Baudelaire

1 comentario:

  1. De nuevo ese yo que se pierde y se diluye lentamente...un excelente ensayo como siempre mi amigo, esta vez desde una perspectiva mas lacaniana.

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